ABRIL 15 -- DESCANSO -- CH Shaw

Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.
Mateo 26 : 36


Es posible que hoy Jesús, nos haya dejado solos. No es que nos ha abandonado, sino que nosotros le abandonamos a él. Fatigados y agobiados por la intensa jornada de ministerio nosotros, al igual que los discípulos, también nos hubiéramos quedado un ratito más en la cama.Nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu nos pide descanso.

Seguramente Jesús sentía el mismo agotamiento, pero optó por buscar descanso en otro lugar que en la cama. «Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.»
Hay una serie de elementos sumamente interesantes en esta brevísima descripción de este aspecto secreto de la vida de Cristo. Lo encontramos en este lugar solitario porque tenía convicción de que el descanso que más precisaba era el que provenía de estar en la presencia del Padre.La madrugada provee ese silencio y esa quietud que es indispensable para producir en nosotros un estado de quietud interna. Cuando renovamos nuestro espíritu en Dios, aun el cuerpo se recrea.

Es necesario, no obstante, que creamos que el descanso que precisamos viene de lo alto, no de la siesta, el feriado o las vacaciones. Estas cosas pueden aportar algo, pero el descanso profundo que alivia las tensiones y las cargas solamente se adquiere cuando nuestro espíritu se conecta con el Creador.
El texto nos dice que Jesús se levantó muy de mañana, aún mientras estaba oscuro. En un devocional que compartí el año pasado, titulado La obligación de descansar, señalaba que en los 10 mandamientos el descanso constituye una orden; es decir, Dios no pregunta si necesitamos descansar, o si creemos que es necesario hacerlo. Nos manda que descansemos.

Aunque parece una contradicción de términos, el descanso es una disciplina que le imponemos a una vida que tiende, siempre, al activismo desenfrenado.
En la búsqueda de renovación se fue a un lugar solitario, mientras aún no había amanecido. Este es un aspecto fundamental de la vida espiritual. Debemos alejarnos del ruido y del movimiento si es que vamos a entrar en la plenitud de comunión con el Padre. No es que él no nos habla cuando estamos en lugares con bullicio, sino que nuestro espíritu se dispersa fácilmente en ese ambiente. La madrugada provee ese silencio y esa quietud que es indispensable para producir en nosotros un estado de quietud interna.Note que algunas de las más grandes figuras espirituales fueron formados en los lugares de soledad y quietud
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¿Qué hacía Jesús en este momento? Oraba. ¿Qué más hacía? Oraba. No tenía una Biblia para leer, ni algún libro de devocionales. No había nada más para hacer que orar. ¡Y que sano que es esto! ¿Necesita usted cerrar su Biblia y pasar más tiempo en comunión con el Dios de la Biblia?

Yo sé que en mi propia vida el estudio de la Palabra muchas veces me ha distraído del llamado a orar. Como disciplina, intento primeramente estar con el Padre y luego, si me queda tiempo, meditar en la Palabra. Estamos saturados de la Palabra, ¡pero difícilmente podemos decir lo mismo de la oración!

PARA COMENTAR

- Llegaron los discípulos. ¿Qué le dijeron?

- ¿Qué pretendían de él?

- ¿Qué principios delata la respuesta de Cristo?