Septiembre 1 - AMOR CLARO -- CH Shaw

Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.
Juan 13.1


La agonía de la cruz no era desconocida para Cristo, aunque él mismo no había transitado aún por ese camino. Pero los Romanos habían introducido este cruel método de muerte mucho años antes de que el Hijo de Dios caminara por esta tierra. Hemos de suponer, entonces, que Jesús había visto, en más de una ocasión, a los reos colgados de maderos en las inmediaciones de las ciudades de Israel.

La verdadera magnitud de la prueba que lo esperaba se ve revelada en toda su intensidad en la agónica lucha que se libró en Getsemaní. Allí, el Mesías confesó a sus más íntimos que se sentía angustiado hasta el punto de la muerte.El amor no conoce situaciones personales que lo libran de la responsabilidad de expresarse en forma práctica en la vida de los que están a su alrededor. ¡Cómo no dedicar, entonces, las horas y los días previos a esta titánica prueba a fortalecer el espíritu y concentrar los recursos espirituales! Si en algún momento alguna persona tuvo derecho a centrarse en sí mismo frente a una inminente crisis, esa persona fue Jesús. Hubiéramos entendido que, frente a semejante prueba, se hubiera mostrado distraído o melancólico.

Juan, sin embargo, nos hace notar que el evento que está por describir ocurre con el pleno conocimiento por parte de Cristo, de que su hora había llegado para pasar de este mundo al Padre. Y el paso lo daría, irremediablemente, por la cruz. En este momento crucial de su vida, Cristo continuó pensando en sus discípulos, y no permitió que sus luchas personales lo distrajeran del compromiso de amarlos en todo momento y en toda circunstancia. La lección que nos deja su ejemplo es clara: el amor no conoce situaciones personales que lo libran de la responsabilidad de expresarse en forma práctica en la vida de los que están a su alrededor. Todos hemos conocido situaciones donde una persona con una enfermedad incurable, hospitalizada, anima y bendice a los que la visitan para animarla.

Su ejemplo nos habla de una vocación que no conoce feriados, ni vacaciones, ni tampoco circunstancias en las cuales es lícito dejar de amar.

Esta vocación no es la misma cosa que la esclavitud al servicio, tal como la que mostró Marta cuando el Mesías la visitó en su casa (Lc 10). Esta es otra cosa enteramente diferente. Pero el que ama de verdad, ama en toda circunstancia, aun en medio de profundas pruebas personales. ¡Esto sí que es amor!

AGOSTO 18 -- Mente Provada

Texto Bíblico: 2 Corintios 5.21
21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

El tercer punto de ataque que Satanás utilizó para quebrantar la decisión de Cristo de servir a su Padre fue la mente. Frente al fracaso de hacer caer al Hijo apelando a sus necesidades corporales y de su yo, decidió, entonces, atacar las bases de su raciocinio.

Eso ocurrió en el Getsemaní. Allí Jesús fue enfrentado con una visión futura y total de la cruz, y todo lo que él soportaría. Jesús vio la contradicción que tendría que sobrellevar; él, quien no conocía pecado tendría que convertirse en pecado (2Co 5.21). La presión de tener que convertirse en lo que más odiaba fue una carga casi intolerable para el Hijo del hombre.
Jesús tuvo la determinación de hacer la voluntad de su Padre, sin importar cuán contradictoria pareciera esta.
Él sufrió todos los síntomas de la presión: gemidos, lágrimas, sudor e intensa agonía interna. Su mente fue sacudida como por una tormenta mientras se debatía entre dos principios contradictorios. Tres veces tuvo que acercarse con insistencia a su Padre en oración, buscando ayuda, y durante todo ese tiempo Satanás esperaba que su mente se quebrara, dejándolo quebrantado y desvalido. Pero una vez más, Jesús volvió a su determinación de hacer la voluntad de su Padre, sin importar cuán contradictoria pareciera esta. «Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.» (Lc 22.42) La victoria se logró y luego la paz, porque su voluntad se mantuvo firme en medio de la tormenta.

Satanás sabe muy bien cómo puedo ser destruido a través de la conmoción mental. El ser llamado «loco» fue una de las críticas que a Pablo le tocó que enfrentar (Hch 26.24; 1Co 5:13). No se protege la mente tratando de resolver los problemas con el uso de la razón, sino con la disposición de mantenerse sujeto a Dios y dejarlo a él resolver los problemas como le parezca. «Hágase tu voluntad» (Mt 26.42) es más que una simple oración; es la terapia mental que el engañador no puede deshacer. Si mantengo mi voluntad intacta, Dios me dará el espíritu de «poder, amor, y dominio propio» (2Ti 1.7).

Tomado de Celebrando a diario con el Rey, de W. Glyn Evans

JULIO 2 -- Resistid y Huirá -- David Wilkerson

Satanás tentó a Jesús con la siguiente oferta: “Todo esto te daré, si postrado me adorares” (Mateo 4:9).

Esto suena tan extraño, tan ridículo, ¿cómo podría ser considerado como una tentación? Aunque usted no lo crea, ésta era una tentación sutil y poderosa. Satanás estaba desafiando a Jesús, al decirle: “Te prometo que si tan sólo te inclinas levemente a mis pies, en un sencillo acto de adoración, abandonaré la pelea. Rendiré todo mi poder sobre estos reinos. Ya no poseeré a nadie ni esclavizaré a ninguno. Sé que amas a la humanidad tanto como para ser maldecido por Dios por causa de ellos. Entonces, ¿por qué esperar? Te puedes sacrificar ahora mismo, y liberar al mundo a partir de este momento”.

¿Por qué estaba dispuesto el diablo a rendir todo su poder por esto? Estaba tratando de salvar su propio pellejo. Satanás sabía que su destino eterno estaba determinado en el Calvario. Así que, si él pudiera tan sólo impedir que Jesús fuera a la cruz, podría librarse de tal destino.

Usted se estará preguntando: “¿Qué tiene que ver esto conmigo?” Satanás sigue tentando a los justos con una oferta similar. Satanás viene a nosotros con amenazas y acusaciones. Nos dice: “No tienes que adorarme, porque yo ya tengo acceso a tu carne. Conozco todas tus debilidades. Así que, anda nomás y testifica sobre tu libertad en Cristo. Cuando estés cantando tus alabanzas más fuertes, me impondré sobre tu mente con maldad. Traeré tu pecado a ti de una forma tan poderosa, que perderás toda esperanza de ser libre. No tienes poder”.

¿Cómo respondemos a las acusaciones de Satanás? “Resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7). No importa cuántas tentaciones Satanás lance sobre usted. Usted no tiene por qué temer ningún pecado de su pasado. Si la sangre de Cristo lo ha cubierto, entonces el diablo no puede hacer nada para separarlo a usted del Padre.


JULIO 1 -- No solo de Pan -- David Wilkerson

Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan” (Mateo 4:2-3).

En el momento en que Jesús era físicamente vulnerable, el diablo trajo su primera tentación.

No había pecado en tener hambre. Así que, ¿cuál era el asunto aquí? Satanás estaba desafiando a Jesús: “Si eres completamente Dios, entonces tienes el poder de Dios en ti. Y ahora mismo, estás en una situación muy dura. ¿Por qué no usas el poder que Dios te ha dado para librarte a ti mismo? ¿No te dio Él dicho poder para ver si lo usarías correctamente?”.

Acá tenemos una de las tentaciones más insidiosas que enfrenta el verdadero pueblo de Dios. Como Jesús, el ejemplo, usted tiene una pasión por Dios. Ha decidido rendirse a Él con todo su corazón. Luego el Señor lo lleva a experimentar el desierto y, luego, surgen preguntas. Usted comienza a desorientarse y duda sobre el propósito eterno de Dios en su vida. Y mientras trata de orar y obtener la victoria, las tentaciones de Satanás parecieran ser más feroces que nunca.

El enemigo quiere que usted viva independientemente del Padre. El diablo dice: “Tu sufrimiento no es de Dios. No tienes que pasar por esto. Tienes el poder de Dios en ti, por el Espíritu Santo. Di la palabra, libérate a ti mismo. Satisface tu propia hambre”.

La primera artimaña de Satanás fue crear un fracaso del poder. Esperaba que Dios no honrase el clamor de Jesús por pan, si lo hubiera pedido. Si el poder del cielo fallara, entonces Cristo dudaría de su divinidad y se alejaría de su propósito eterno en la Tierra. Segundo, Satanás sabía que Jesús fue enviado para hacer sólo lo que el Padre le dijo. De modo que se propuso convencer a Cristo a que desobedezca por su propio bienestar. De esa forma, si Jesús usaba su poder ahora, para evitar el sufrimiento, podría hacer lo mismo luego, para evitar la cruz.

Así que, ¿cómo respondió Jesús a la tentación del diablo? “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). Cristo dijo, en esencia: “Mi venida a la Tierra no tiene que ver con mis necesidades, dolores, heridas o comodidad física. He venido a dar a la humanidad, no a salvarme a mí mismo”.

Aun en ese nivel de sufrimiento, Jesús no perdió de vista su propósito eterno. Y si nuestro Señor aprendió dependencia y compasión a través de una experiencia en el desierto, nosotros también.

JUNIO 28 -- Un Dia a la vez -- Ch Shaw

25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?
28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan;
29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria(G) se vistió así como uno de ellos.
30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?
31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?
32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.
Mateo 6 : 25--34

Cristo deja un último consejo, de tono absolutamente práctico: «Así que no os angustiéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propia preocupación. Basta a cada día su propio mal.» ¿Será que en este enunciado se encuentra uno de los secretos de la vida pausada y gozosa que vivió nuestro amado Señor?

Ciertamente no encontramos evidencias en el relato de los evangelios de que haya sido una persona propensa a la preocupación. Las circunstancias más adversas y complicadas no lograban alterar su estado de ánimo. Todo lo que recibimos es regalo de Dios, otorgado por pura gracia, exclusivamente para los hijos que ama.

No cabe duda de que parte de esta entereza espiritual frente a una vida llena de dificultades y sufrimiento tiene que ver con la vitalidad de su relación con el Padre, algo que nutría día a día en tiempos de recogimiento y quietud. No obstante, la capacidad de vivir a plenitud cada día, con sus contratiempos y victorias, parece ser también un factor que marcó un estilo de vida en él.
De hecho, una de las cosas que más frecuentemente nos roba la posibilidad de disfrutar del presente es estar pendientes del mañana. No disfrutamos de la semana porque estamos a la espera del fin de semana. No nos deleitamos en la etapa del noviazgo porque no vemos la hora de casarnos. No nos alegramos en los hijos que tenemos porque estamos demasiado ocupados en asegurarles «un futuro digno». De esta manera transcurre nuestra vida, siempre con la vista puesta en alguna etapa futura que nos roba de la posibilidad de vivir a plenitud el momento en que nos encontramos.

Jesús reduce su óptica, en este tema, a la distancia más corta posible: el día en que estamos. No me mal interprete; no estoy diciendo que él era una persona irresponsable, ni tampoco que no debemos anticiparnos, en forma correcta, a los eventos que se aproximan en el futuro cercano. Lo que estoy señalando es que Jesús no permitía que esto lo distrajera por un instante de la responsabilidad de vivir a plenitud cada momento que el Padre le traía. La verdad es que ninguno de nosotros siquiera sabe si estará con vida mañana. Más es enteramente posible que por nuestras muchas preocupaciones el mañana llegue acompañado de un sin fin de remordimientos porque no hicimos o disfrutamos de ciertas cosas cuando tuvimos la oportunidad de hacerlo. ¡Qué tremendo desafío para nosotros!

Vivamos a plenitud cada día, con sus cosas buenas y malas, de modo que no tengamos, a la noche, de qué lamentarnos. Todo lo que recibimos es regalo de Dios, otorgado por pura gracia, exclusivamente para los hijos que ama.

JUNIO 24 -- ORAD SIN CESAR -- CH Spurgeon

Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias;
Colosenses 4 : 2


Es interesante notar cuántos pasajes en las Sagradas Escrituras se ocupan de la oración, suministrando ejemplos, inculcando preceptos y haciendo promesas.
Apenas abrimos la Bilbia leemos: “Entonces los hombres impezaron a invocar el nombre del Señor” Gén. 4: 26. Y antes de terminar el Libro de Apocalipsis, nos hallamos con el amén de una ardiente súplica.
Hay innumerables ejemplos:
• Aquí hallamos a Jacob que lucha.
• Más allá a David que clama a Dios con todo su corazón.
• En el monte vemos a Elías.
• En el calabozo vemos a Pablo y a Silas.
Tenemos sobre la oración, multitudes de mandamientos y muchísimas promesas.
¿Qué otra cosa nos enseña esto sino la sagrada importancia y la necesidad de la oración?
Estemos seguros de que cualquier cosa que Dios ha destacado en su Palabra, desea que ocupe un lugar importante en nuestras vidas.
Si se ha hablado mucho de la oración, es porque sabe que tenemos necesidad de ella.
Tan grandes son nuestras necesidades que hasta que estemos en el cielo, no debemos cesar de orar.
Un alma sin oración es un alma sin Cristo.
La oración es:
• El bal buceo del niño en la fe.
• El clamor del creyente que lucha.
• La música del santo que agoniza y duerme en Jesús.
• Es la respiración del alma.
• La consigna del cristiano.
• El consuelo del creyente.
• La fortaleza del hijo de Dios.
• El honor del cristiano.
Busquemos realmente el rostro de nuestro Padre a través de la oración. Pidámosle que nos conceda ser más santas, humildes, celosas y pacientes.
Tengamos una comunión más íntima con Cristo y entremos más frecuentemente en el banquete de su amor.
Pidámosle que nos haga un ejemplo y una bendición para otros, y que nos ayude a vivir más para la gloria de Dios.

Mi amado habló, y me dijo:
Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.
Porque he aquí ha pasado el invierno,
Se ha mudado, la lluvia se fue;
Se han mostrado las flores en la tierra,
El tiempo de la canción ha venido,
Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola.
La higuera ha echado sus higos,
Y las vides en cierne dieron olor;
Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.
Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña,
en lo escondido de escarpados parajes,
Muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz;
Porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.
CANTARES 2 : 10--14

JUNIO 16 -- El Regalo del Padre para su Hijo -- David Wilkerson

21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.

22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.

23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.
Juan 17 : 21--23


Cuando leo estas palabras, yo apenas puedo recibirlas, “Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno” (Juan 17:22). Piense en esto. Tenemos la palabra de nuestro Señor, confesada delante de su propio Padre, que él se ha dado total y completamente a nosotros, al igual que el Padre se ha dado a él. Él nos ha dado el mismo amor íntimo que su Padre le dio a él, y esa es su gloria manifestada en nosotros. Hemos sido traídos a la misma clase de relación amorosa que Jesús comparte con el Padre y aún más, él abre el círculo de amor que se tienen entre ellos y nos trae a nosotros adentro. Hemos sido hechos partícipes de una gloria que está más allá de nuestro entendimiento. ¡Cuán increíble que Cristo nos trajera al Padre y que le pidiera, “Para que sean uno con nosotros!” Compartimos completamente la plenitud del amor de Dios por su Hijo al estar nosotros en Cristo.

En un sentido verdadero, puede decirse que Dios amó tanto a su Hijo, que le dio el mundo. Sabemos que le dio aquellos que están en el mundo, porque el Señor dijo, “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste…” (v. 6).

¿No sabía usted que somos el regalo de Dios para su Hijo – un regalo de amor? “Eran tuyos; tú me los distes a todos.” Pero Cristo estaba en tal afinidad con el Padre, que él trae el regalo de vuelta a Dios y dice, “Todo lo mío es tuyo y lo tuyo mío…” (v. 10). Esta clase de amor no puede tomar nada para sí mismo – sino que lo da todo.

¿No es reconfortante saber que somos el objeto de tal amor entre el Padre y el Hijo? Qué honor, que Cristo nos coloque en la gran y amorosa palma de su mano, y nos presente al Padre y diga, “¡Mira, Padre! ¡Son tuyos! ¡Todos ellos nos pertenecen! ¡Son el objeto de nuestro amor! ¡Los amaré, Padre! ¡Tú los amarás! Y haremos nuestra morada en ellos y les mostraremos cuán amados son.”

¿Cómo pueden nuestras mentes comprender todo esto? Aquí está nuestro Señor diciéndole a su Padre, “Les voy a hacer conocer a ellos el amor que tú tienes por mí, para que el amor que tú me tienes pueda también estar en ellos.”