MARZO 10 -- Bienaventurados 3 los mansos -- Spurgeon

"Bienaventurados los mansos,
porque ellos recibirán la tierra por heredad."
Mateo 5: 5.

Un hombre es pobre en espíritu: esto es, siente que le faltan miles de cosas que debería poseer. El hombre llora: esto es, se lamenta por su estado de pobreza espiritual. Pero ahora hay algo que realmente le es dado por la gracia de Dios; no es una cualidad negativa, sino es una prueba positiva de la obra del Espíritu Santo en su alma, de tal forma que se vuelve manso.

La mansedumbre tiene que ver con otras personas. Es cierto que tiene una relación con Dios, pero la mansedumbre de un hombre está referida especialmente hacia sus semejantes. Él no es simplemente manso por dentro; su mansedumbre se manifiesta en sus tratos con otros. No se podría hablar de un eremita que no hubiere visto jamás a un ser humano, como de alguien manso; la única manera en la que podrías comprobar si es manso sería ponerlo con aquellos que probaran su temperamento.

Son mansos delante de Dios, y el buen amigo Watson divide esta cualidad en dos encabezados, es decir, que son sumisos a Su voluntad, y flexibles a Su Palabra. ¡Que estas dos cualidades tan expresivas sean encontradas en cada uno de nosotros!

Con un espíritu feliz y contento como ese, los mansos no altercan con Dios. No hablan, como lo hace alguna gente insensata, de haber nacido bajo la influencia de un planeta poco propicio, y de estar colocados en circunstancias desfavorables para su desarrollo. Y aun cuando son golpeados por la vara de Dios, los mansos no se rebelan contra Él, ni lo llaman un Señor duro; se quedan más bien mudos y en silencio, y no abren su boca porque Dios lo haya hecho, o si llegan a hablar, es para pedir gracia para que la prueba que están soportando sea santificada para ellos, o para que puedan elevarse tan alto en la gracia como para gloriarse en las debilidades, para que el poder de Cristo descanse sobre ellos.

Ellos son también flexibles a la Palabra de Dios; si realmente son mansos, siempre están dispuestos a doblegarse. Ellos no se imaginan lo que debería ser la verdad, para luego acudir a la Biblia en busca de los textos que demuestren que lo que ellos piensan está allí; más bien recurren al Libro inspirado con una mente cándida, y oran con el Salmista, "Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley." Y cuando, al escudriñar las Escrituras, encuentran profundos misterios que no pueden comprender, creen lo que no pueden entender; y donde, algunas veces, diferentes partes de la Escritura parecieran estar en conflicto unas con otras, ellos dejan la explicación al grandioso Intérprete que es el único que puede aclararles todo. Cuando se enfrentan con doctrinas que son contrarias a sus propias opiniones, y duras para ser recibidas por carne y sangre, se entregan al Espíritu Divino y oran, "enséñanos lo que no sabemos."
Cuando los mansos en espíritu encuentran algún precepto en la Palabra de Dios, de inmediato buscan obedecerlo. No le ponen objeciones, ni preguntan si podrían evitarlo, ni hacen esa pregunta tan frecuentemente repetida: "¿es eso esencial para la salvación?" No son tan egoístas como para no hacer nada excepto aquello de lo que depende su salvación; ellos aman tanto a su Dios que desean obedecer incluso el mandamiento más mínimo que les dé, sencillamente por amor a Él.

Pongan estas cinco cualidades juntas, y tendrán a un hombre verdaderamente manso: humilde, delicado, paciente, perdonador y contento; es exactamente lo opuesto del hombre que es orgulloso, duro, airado, vengativo y ambicioso. Únicamente la gracia de Dios, obrando en nosotros por el Espíritu Santo, puede hacernos así de mansos.

Es maravilloso comprobar lo que las naturalezas ásperas pueden experimentar frente a naturalezas delicadas. Después de todo, no es el fuerte el que vence sino el débil. Ustedes saben que ha habido una larga enemistad entre los lobos y las ovejas, y que las ovejas no se han puesto nunca a pelear, y sin embargo han ganado la victoria, y hay más ovejas que lobos en el mundo hoy en día. En nuestro propio país todos los lobos han muerto, pero las ovejas se han multiplicado en decenas de miles.

El yunque permanece firme mientras el martillo golpea sobre él, pero un yunque desgasta a muchos martillos. Y la amabilidad y la paciencia tendrán éxito a la larga. En este momento presente, ¿quién es el más poderoso, César con sus legiones o Cristo con Su cruz? Sabemos quién será el triunfador antes de mucho tiempo entre Mahoma con su filosa cimitarra o Cristo con Su doctrina de amor. Cuando todas las fuerzas terrenales sean vencidas, el reino de Cristo permanecerá. Nada es más poderoso que la mansedumbre, y el manso es el que hereda la tierra en ese sentido.

Pero esto tiene que ser la obra de la gracia. Debemos nacer de nuevo, pues de lo contrario nuestros espíritus altivos no serán mansos nunca. Y si hemos nacido de nuevo, que sea nuestro gozo, en tanto que vivamos, mostrar que somos seguidores del manso y humilde Jesús, con cuyas palabras llenas de gracia concluyo mi sermón: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga." ¡Que así sea, por Jesucristo nuestro Señor! Amén.

MARZO 9 -- Bienaventurados 2 los que lloran -- Spurgeon

"Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación."
Mateo 5: 4

"Estos parecen encontrarse en una peor condición que la de los pobres en espíritu, pues "lloran". Ellos se encuentran en una etapa superior, aunque parecieran estar en una etapa inferior. La manera de subir en el reino es hundir el yo. Estos hombres se duelen por el pecado, y son probados por los males de los tiempos; pero para ellos es provisto un futuro de descanso y regocijo. Los que se ríen se lamentarán, pero los que son afligidos cantarán. ¡Cuán gran bendición es la aflicción, pues provee el espacio para que el Señor administre el consuelo! Nuestras aflicciones son bendecidas, pues son nuestros puntos de contacto con el Consolador divino. La Bienaventuranza se lee como una paradoja, pero es verdadera, como lo podemos atestiguar muchos de nosotros. Nuestras horas de lamentación nos han proporcionado más consuelo que nuestros días de júbilo."
Jesús debe partir. Lloren ustedes que son Sus discípulos. Jesús ha de irse. Lamenten ustedes, pobres criaturas, que han de quedarse sin un Consolador. Pero escuchen cuán tiernamente habla Jesús: "No os dejaré huérfanos." "Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre." Él no dejaría solas en el desierto a esas pobres ovejas escasas; Él no desampararía a Sus hijos dejándolos huérfanos. No obstante que tenía una poderosa misión que en verdad le ocupaba alma y vida; no obstante que tenía tanto que llevar a cabo, que habríamos podido pensar que incluso Su gigantesco intelecto estaría sobrecargado; no obstante que tenía tanto que sufrir, que podríamos suponer que Su alma entera estaba concentrada en el pensamiento de los sufrimientos que tenía que soportar, sin embargo, no fue así; antes de irse proporcionó reconfortantes palabras de consuelo; como el buen samaritano, derramó aceite y vino; y vemos qué es lo que prometió: "Les enviaré otro Consolador; uno que será justo lo que Yo he sido, e incluso será algo más: les consolará en sus angustias, disipará sus dudas, les reconfortará en sus aflicciones, y estará como mi vicario en la tierra, para hacer lo que Yo habría hecho, de haberme quedado con ustedes."
el Espíritu Santo, es un Consolador muy amoroso. Me encuentro turbado y necesito consolación. Algún transeúnte se entera de mi aflicción, y entra, se sienta y trata de animarme; me dice palabras reconfortantes; pero él no me ama, es un extraño que no me conoce del todo, y sólo ha entrado para probar su habilidad; ¿y cuál es el resultado? Sus palabras se resbalan sobre mí como el aceite en una losa de mármol; son como la lluvia que golpetea sobre la roca; no interrumpen mi dolor, que permanece inconmovible como el diamante, ya que él no siente amor por mí. Pero si alguien que me amara encarecidamente como a su propia vida viniera y argumentara conmigo, entonces sus palabras se convierten en música en verdad; saben a miel; él conoce la contraseña que abre las puertas de mi corazón, y mi oído está atento a cada palabra; capto la entonación de cada sílaba al sonar, pues es como la armonía de las arpas del cielo.
¡Oh!, hay una voz enamorada que habla un lenguaje que le es propio, un idioma y un acento que nadie podría imitar; la sabiduría no podría imitarlo; la oratoria no podría alcanzarlo. El amor es el único que puede alcanzar al corazón doliente; el amor es el único pañuelo que puede enjugar las lágrimas del hombre doliente. ¿Y no es el Espíritu Santo un amoroso Consolador? ¿Sabes, oh santo, cuánto te ama el Espíritu Santo? ¿Puedes medir el amor del Espíritu? ¿Conoces cuán grande es el afecto de Su alma por ti? Anda, mide al cielo con tu palmo; anda, pesa los montes con balanza; anda, toma el agua del océano, y cuenta cada gota; anda, cuenta la arena sobre la vasta playa del mar; y cuando hubieres cumplido esto, podrías decir cuánto te ama. Él te ha amado por largo tiempo; te ha amado considerablemente, te amó siempre; y todavía te amará. En verdad, Él es la persona que ha de consolarte, porque te ama. Entonces, dale entrada a tu corazón, oh cristiano, para que te consuele en tu calamidad.

MARZO 8 -- Bienaventurados 1 pobres en Espíritu -- Spurgeon

"Bienaventurados los pobres en espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos." Mateo 5:3.

Bienaventurada es esa pobreza de alma de la que el propio Señor expresa tales cosas buenas. Él le da mucha mayor importancia a lo que el mundo tiene en poca estima, pues Su criterio es lo opuesto al necio veredicto de los altivos.
Así como un hombre sabio no planea nunca edificar las paredes de su casa mientras no haya cavado los cimientos, así tampoco nadie que sea diestro en las cosas divinas esperaría ver algunas de las virtudes más elevadas, allí donde la pobreza en espíritu esté ausente. Mientras no seamos vaciados del yo, no podremos ser llenados con Dios; debemos ser desvestidos antes de que podamos ser vestidos con la justicia que es del cielo.
Cristo no será precioso nunca mientras no seamos pobres en espíritu. Debemos ver nuestras propias necesidades antes de que podamos percibir Su riqueza. El orgullo ciega los ojos, y la humildad sincera debe abrirlos, pues, de otra manera, las bienaventuranzas de Jesús estarían ocultas de nosotros para siempre.
Es digno de una doble mención que esta primera Bienaventuranza sea dada más bien a la ausencia que a la presencia de cualidades encomiables; es una bienaventuranza que no es para el hombre que es distinguido por esta virtud o notable por aquella excelencia, sino para aquel cuya característica principal sea que confiesa sus propias tristes deficiencias.
Esto es intencional, para que la gracia sea vista más manifiestamente, poniendo su mirada primero, no en la pureza, sino en la pobreza; no sobre los que muestran misericordia, sino sobre los que necesitan misericordia; no en aquellos que son llamados hijos de Dios, sino en aquellos que claman: "no somos dignos de ser llamados Tus hijos." Dios no necesita nada de nosotros excepto nuestras necesidades, y estas le dan espacio para mostrar Su munificencia al suplirlas libremente. Es por causa del peor lado del hombre caído y no de su mejor lado que el Señor recibe gloria para Sí. El primer punto de contacto entre mi alma y Dios no es lo que tengo, sino lo que no tengo.
Cuando los pobres en espíritu vienen a Él en su completa indigencia y desgracia, los acepta de inmediato; sí, Él inclina los cielos para bendecirles, y abre las bodegas del pacto para satisfacerlos.
Así como el médico anda buscando al enfermo, y el que da limosna cuida del pobre, así el Salvador busca a quienes lo necesiten, y en ellos ejerce Su oficio divino. Que cada pecador necesitado beba el consuelo extraído de este pozo.
El favor del Señor descansa únicamente en los corazones quebrantados y en los espíritus que se humillan delante de Él. Incluso las dotes mentales son dejadas en la fría sombra, y el espíritu es llevado a ubicarse en la vanguardia; el alma, -el hombre verdadero- es considerada bienaventurada, y todo el resto es estimado como de muy poco valor comparativo.
Si, en cualquier ordenanza, nuestro espíritu no entrara en contacto con el grandioso Padre de los espíritus, no debemos quedarnos satisfechos. Todo lo referente a nuestra religión que no sea obra del corazón, debe ser insatisfactorio para nosotros. Así como los hombres no pueden vivir del tamo ni de la cáscara del grano, sino que necesitan la harina del trigo, así nosotros también necesitamos algo más que la forma de la piedad y la letra de la verdad; requerimos del significado secreto, de la inserción de la Palabra en nuestro espíritu, de la entrega de la verdad de Dios a la intimidad de nuestra alma: todo lo que no cumpla con esto está desprovisto de la bendición.
Así como el hombre más débil y más pobre es más noble que la más poderosa de todas las bestias del campo, así el ínfimo hombre espiritual es más precioso a los ojos de Dios que el más eminente de los hijos de los hombres autosuficientes. Vale más el diamante más pequeño que el guijarro más grande, y el menor grado de gracia sobrepasa el logro más distinguido de la naturaleza.
¿Qué dices a esto, querido amigo? ¿Eres espiritual? Al menos, ¿calificas para ser pobre en espíritu? ¿Existe para ti un dominio espiritual, o estás encerrado en la estrecha región de las cosas que se ven y se oyen? Si el Espíritu Santo ha abierto una puerta para ti a lo espiritual e invisible, entonces eres bienaventurado, aunque tu única percepción sea todavía el doloroso descubrimiento que eres pobre en espíritu. Jesús te bendice desde la cima del monte, y eres bienaventurado.
Acercándonos aún más a nuestro texto, observamos, primero, que LA PERSONA DESCRITA HA DESCUBIERTO UN HECHO, ha confirmado su propia pobreza espiritual; y, en segundo lugar, ES CONSOLADO POR UN HECHO, pues posee "el reino de los cielos."
Los pobres en espiritu buscan y encuentran a Dios

MARZO 7 -- Paz en la Tormenta -- David Wilkerson

“En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud” (Mateo 14:22).

Jesús les ordenó a sus discípulos que entrasen a un bote que estaba de ida hacia una colisión. La Biblia dice que “Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca…” la cual estaba de ida hacia aguas turbulentas donde sería zarandeada como un corcho en el agua.

¿Dónde estaba Jesús? Él estaba en las montañas que miraban al mar. Él estaba allí orando para que ellos no fallasen en la prueba que deberían pasar. El viaje en la barca, la tormenta, las olas, los vientos, todo era parte de la prueba que el Padre había planeado. Ellos estaban a punto de aprender la lección más grande que podrían aprender – a reconocer a Jesús en medio de la tormenta.

Hasta ahora, los discípulos lo podían reconocer como el que hace milagros, el Hombre que convirtió los panes y los peces en comida milagrosa. Lo reconocían como el amigo de los pecadores, Aquél que trajo la salvación a toda la humanidad. Lo conocían como el que suplía todas sus necesidades, aún pagando los impuestos con dinero de la boca de un pez.

Ellos reconocían a Jesús como “el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Ellos sabían que él tenía las palabras de vida eterna. Ellos sabían que tenía poder sobre todas las obras del diablo. Lo conocían como maestro, el cual les enseñó a orar, a perdonar, a atar y desatar. Pero ellos nunca habían aprendido a reconocer a Jesús en la tormenta.

Ésta es la raíz de muchos de nuestros problemas hoy día. Confiamos en Jesús para los milagros y sanidades. Le creemos para nuestra salvación y perdón de nuestros pecados. Lo vemos como el que suple todas nuestras necesidades y confiamos en que él nos lleva a la gloria algún día. Pero cuando una tormenta súbita cae sobre nosotros y parece que todo está perdido, es difícil ver que Jesús esté cerca de nosotros. No podemos creer que él permite las tormentas para enseñarnos a confiar. Nunca estamos completamente seguros de que él está cerca cuando las cosas realmente se ponen difíciles.

¡Había una sola lección para que los discípulos aprendiesen en esta tormenta – sólo una! Una lección simple – no era una lección profunda, mística, ni ningún terremoto. Jesús simplemente quería que confiaran en él como su Señor en cada tormenta de sus vidas. Él simplemente quería que sus discípulos mantuvieran su ánimo y confianza aún en las horas más oscuras de la prueba. ¡Eso es todo!



MARZO 6 -- Grato Perfume -- Ch Shaw

14 Gracias a Dios que siempre nos lleva en el desfile victorioso de Cristo y que por medio de nosotros da a conocer su mensaje, el cual se esparce por todas partes como un aroma agradable. 15 Porque nosotros somos como el olor del incienso que Cristo ofrece a Dios, y que se esparce tanto entre los que se salvan como entre los que se pierden. 16 Para los que se pierden, este incienso resulta un aroma mortal, pero para los que se salvan, es una fragancia que les da vida. ¿Y quién está capacitado para esto?

El apóstol Pablo, al igual que el Maestro de Galilea, frecuentemente utilizaba imágenes de la vida real para ilustrar las grandes verdades del evangelio. Si no estamos enterados de la analogía que está usando podremos perder gran parte de la riqueza del texto, como puede ser el caso del pasaje en que se basa nuestra reflexión de hoy.

La ilustración fue tomada de una práctica de las interminables campañas militares del invencible ejército Romano. Cualquiera de los habitantes de la capital del imperio habrían tenido oportunidad de presenciar uno de estos acontecimientos.Nosotros, su iglesia, somos los que despedimos el aroma de su triunfo. Otros, habrían escuchado los relatos de tan memorable espectáculo. Se trataba del desfile triunfal que realizaban los generales que concluían con éxito una campaña contra algunos de los pueblos enemigos del vasto territorio que controlaban.

Cuando lograban sofocar una rebelión, como en el caso del fatal intento de independencia de los judíos en el año 70 a.d., o ponían fin a alguna incursión para conquistar nuevos pueblos, el ejército victorioso, en su retorno a Roma, hacía una entrada triunfal a la gran ciudad. El desfile era presenciado por multitudes de la población, quienes veían con sus propios ojos los frutos de la campaña realizada. La gran procesión iba acompañada de toda la pompa típica de la vida en Roma. Encabezaban la marcha los sacerdotes que servían a los diferentes dioses del imperio, portando recipientes con incienso, los cuales desparramaban un fragante perfume a lo largo de toda la ruta del desfile. Atrás de ellos desfilaban las tropas del ejército victorioso, vitoreados por el pueblo. Los soldados eran seguidos por el ejército derrotado, el cual llegaba a Roma en cadenas para ser vendidos como esclavos o convertidos en gladiadores. La procesión terminaba con la carroza que llevaba al general que había dirigido a las tropas victoriosas.

Cada uno de los que participaba de la marcha podía sentir el perfume que iban dejando los sacerdotes, pero tenía distinto significado para quienes lo olían. Para las tropas del ejército Romano, el aroma endulzaba la victoria obtenida. Pero para el ejercito vencido, el mismo olor anunciaba la inminente muerte de muchos de ellos.

Del mismo modo despliega Cristo el perfume de su victoria en la sociedad en que vivimos. Nosotros, su iglesia, somos los que despedimos el aroma de su triunfo. Algunos, que perciben este dulce olor, encuentran al Cristo victorioso detrás de la vida de sus hijos. Para otros, sin embargo, la necedad de la cruz no significará otra cosa que el anuncio de su propia muerte espiritual. Sea cual sea la realidad, recae sobre nosotros ser testigos del triunfo de nuestro Señor. Despedimos perfume de cosas santas cuando escogemos vivir la clase de vida a la que hemos sido llamados. Es decir, logramos que otros vean al Mesías en nuestras palabras, nuestros gestos y actitudes, nuestro comportamiento y nuestras obras.

Para pensar:

La marcha triunfal de Cristo no es algo que está reservado para el futuro, sino una realidad visible en todos los lugares donde su iglesia avanza victoriosa sobre las tinieblas.

MARZO 5 --Será Feliz -- Ch Shaw

SERÁ FELIZ

22
Pero no basta con oir el mensaje;
hay que ponerlo en práctica, pues de lo
contrario se estarían engañando
ustedes mismos. 23 El que solamente
oye el mensaje, y no lo practica, es
como el hombre que se mira la cara en
un espejo: 24 se ve a sí mismo, pero en
cuanto da la vuelta se olvida de cómo es.
25 Pero el que no olvida lo que oye,
sino que se fija atentamente en la ley
perfecta de la libertad,
y permanece
firme cumpliendo lo que ella
manda, será feliz en lo que hace
Santiago 1 : 22--24


El apóstol Santiago, el maestro eminentemente práctico en los escritos del Nuevo Testamento, nos da las claves para no convertirnos en oidores olvidadizos. La frase describe con admirable sencillez la condición de no poder retener la información que guía la conducta o el proceder en la vida. Esto puede tratarse de algo tan sencillo como llegar a un cuarto y no poder recordar por qué razón vino a él, o algo mucho más complejo como lo puede ser la pérdida de memoria que es producto de enfermedades tan temibles como el Alzheimer.Dios promete respaldar la vida de aquellos que viven conforme a sus designios, aún cuando les toque transitar por situaciones de extrema dificultad. Para los efectos, los resultados son los mismos, pues uno queda desorientado y no sabe como proceder. Del mismo modo se podría describir a la persona que no retiene la Palabra de Dios. Este se regocija en la proclamación de la misma pero no le da ninguna utilidad en su vida personal. Al igual que el maná recogido por los israelitas en el desierto, la palabra se «echa a perder» y rápidamente queda olvidada.

No debemos desesperar por esta condición, tan común en estos tiempos donde estamos sobresaturados de la Palabra. Santiago nos da claras instrucciones para llegar a ser bienaventurados en TODO lo que hacemos. Esas mayúsculas no se metieron en el texto por error. Están aquí para que usted y yo recordemos que el que vive la Palabra tiene promesa de bendición, y bendición «en abundancia» como afirmó Cristo. No debe confundirse esto con una vida sin problemas, que es la interpretación humanizada del texto. Dios promete respaldar la vida de aquellos que viven conforme a sus designios, aún cuando les toque transitar por situaciones de extrema dificultad. A la misma vez, no se nos debe escapar que esta bienaventuranza alcanza a los que hacen, no a los que oyen, estudian o memorizan la Palabra de Dios. Existe una gran diferencia entre el ejercicio intelectual que implican las últimas opciones y el esmero que es condición indispensable de la primera.

¿Cuáles son estas instrucciones de Santiago? En primer lugar, debemos mirar «atentamente» a la ley perfecta. Esta actitud indica una concentración de los sentidos que no puede ser lograda en una leída superficial del texto. Es el fruto de la convicción de que los tesoros más preciosos de la Palabra están al alcance de aquellos que realmente están dispuestos a buscarlos, esperando la revelación del Espíritu. Presupone el deseo de ocuparse con seriedad a la lectura de sus mandamientos.

En segundo lugar, Santiago exhorta a perseverar en ella, siendo un «hacedor de la obra». ¿A que obra se refiere? Precisamente a la que resulta del estudio de la Palabra. Dios no entrega su verdad para informar, ni entretener, sino más bien para orientar hacia una acción concreta. El resultado incontestable del estudio será que nos mueve a hacer algo. Solamente aquellos que obedecen ese impulso divino alcanzarán la plenitud de la bendición, pues la obediencia desata el respaldo del Altísimo.

Para pensar:

La perseverancia es necesaria porque ni la carne ni el mundo nos acompañarán en el deseo de vivir en luz. La victoria es de aquellos que no desisten fácilmente de lo que se han propuesto.

MARZO 4 -- TU VOLUNTAD -- Whital Smith

AMEN

Padre nuestro que estas en los cielos
santificado sea tu nombre
venga a nosotros tu reino
sea hecha TU VOLUNTAD
en la tierra asi como en
los cielos
( Mateo 6 : 9--10 )

He llegado a conocer sin lugar a duda que la voluntad
de Dios es lo mas delicioso y placentero en el universo .
Y esto no es porque las cosas siempre van como yo
quiero que vayan tampoco porque tengo piedad extra ,
sino porque mi sentido comun me dice que
la voluntad del amor no egoista no puede ser sino
placentera La razon por la que el cielo es el cielo es
porque la voluntad de Dios es hecha perfecramente alli.
He escuchado acerca de la consagracion a la voluntad de
Dios esta no es una constumbre religiosa apartada para
algunos al contrario no es un logro sino un privilegio sin
precio y no puede tener sino la seguridad de que si las
personas solo conocieran lo amoroso de su voluntad ,
no solo unos pocos devotos sino cada alma en el universo
correria ansiosamente a elegir la voluntad de Dios para
cada momento de sus vidas Si yo estuviera perdido en
el desierto y un guia calificado me ofreciera guiarme a
la seguridad ¿ Seria dificil rendirme a sus manos ? No
le diria " Hagase tu voluntad , yo te sigo ? Seria tan
dificil rendirme a mi mismo a mi Guia celestial a
nuestro Dios y decirle " Amado Señor , hagase tu
voluntad " Veran ..... consagrarnos a El y hacer
su voluntad es el mayor privilegio que un alma
puede tener -Mi comida es hacer la voluntad del que
me envió y terminar su trabajo ( Juan 4:34 )
Hacer su voluntad es simplemente delicioso , no
es una carga sino una almhoada para descansar
y esto es ver dad Mi alma se hunde en el dulce
y acogedor descanso que ninguna palabra puede
describir " Hagase tu voluntad "
Y EN SU VOLUNTAD ESTA NUESTRA PAZ