ENERO 14 -- Un Corazon que Adora-- Rick Warren

UN CORAZÓN QUE ADORA

Mas La hora viene y ahora es
cuando los verdaderos
Adoradores adoraran al Padre en
Espíritu y en verdad
porque también tales adoradores
el padre busca que le adoren
Dios es Espíritu y los que le adoren
en Espíritu y en verdad
es necesario que le adores
( Juan 4 : 23 --24 )

La palabra rendición es poco popular, es tan fea como la palabra sumisión. Implica derrota, y nadie quiere ser un perdedor... Casi siempre se usa en un contexto negativo...Pero la entrega a Dios es el corazón de la adoración. Es la respuesta natural al asombroso amor y misericordia de Dios. Nos entregamos a él, no por temor u obligación, sino por amor, “porque él nos amó primero” (1 Juan 4:9, 10, 19).

Ofrecerte a Dios es la esencia de la adoración [Romanos 12:1-2].

A este acto de entrega personal se le llama de diversas maneras: consagración, que Jesús sea el Señor de nuestra vida, tomar la cruz, morir al yo, ponerse en manos del Espíritu. Lo que importa es lo que se haga, no cómo se le llame. Dios quiere nuestra vida: toda nuestra vida. El noventa y cinco por ciento no es suficiente.

Hay tres obstáculos que bloquean nuestra entrega total a Dios. El temor, el orgullo y la confusión. No nos damos cuenta de cuánto nos ama Dios, queremos controlar nuestra propia vida y malinterpretamos lo que significa la entrega.

¿Puedo confiar en Dios?

El temor [y la desconfianza] impide[n] entregarnos, pero el amor echa fuera el temor. Cuanto más nos damos cuenta de lo mucho que Dios nos ama, más fácil nos resultará la entrega...

“Reconozcamos nuestras limitaciones”

... Nuestro orgullo. No queremos admitir que somos meras criaturas y que no podemos controlar todo....Cuando nos enfrentamos a nuestras propias limitaciones, reaccionamos con irritación, enojo y resentimiento...

“Lo que significa rendirse”

En lugar de reducirla, la entrega potencia nuestra personalidad. C.S. Lewis señaló: “Cuanto más dejamos que Dios tome nuestra vida, más verdaderamente nos convertimos en lo que somos, porque él nos creó”...

La entrega se demuestra mejor con la obediencia y la confianza... Abraham siguió la guía de Dios sin saber adónde lo llevaría. Ana esperó el tiempo perfecto de Dios sin saber cuándo sería. María esperó un milagro sin saber cómo. José confió en el propósito de Dios sin saber por qué las circunstancias se dieron como se dieron. Todos ellos se entregaron a Dios por completo.

Puedes saber que te has entregado a Dios cuando dependes de él para que las cosas resulten bien, en lugar de manipular a los demás, imponer tus ideas y controlar la situación. Uno suelta las riendas y deja que Dios obre. No necesitas estar “siempre al control”. La Biblia dice que debemos entregarnos al Señor y esperar en él con paciencia (Sal. 37:7a, paráfrasis). En lugar de esforzarte más, confía más. También sabes que te has rendido cuando no reaccionas a la crítica ni te apresuras a defenderte. Un corazón rendido se destaca en las relaciones personales. Una vez que nos entregamos a Dios, ya no descalificamos a los demás, no exigimos nuestros derechos y no buscamos nuestro propio bien.

Las bendiciones de rendirnos. Son paz y libertad.

Entregarse no es la mejor manera de vivir, es la única manera de vivir... Llegó el momento para que te rindas a Dios, a su gracia, a su amor y a su sabiduría.

ENERO 13 -- El que se Humilla sera enaltecido -- CH Spurgeon

“El que se humilla será enaltecido.” Lucas 18: 14.


No debería ser difícil que nos humilláramos pues, ¿qué tenemos de lo que debamos estar orgullosos? Deberíamos ocupar el lugar más bajo sin necesidad de que se nos diga que lo hagamos. Si fuéramos sensatos y honestos seríamos muy poca cosa en nuestra propia opinión. Especialmente delante del Señor, en oración, deberíamos reducirnos a nada. Allí no podemos hablar de mérito, pues no tenemos ninguno: nuestra sola y única apelación ha de ser a la misericordia: “Dios, sé propicio a mí, pecador.”

Aquí tenemos una palabra de ánimo procedente del trono. Seremos enaltecidos por el Señor si nos humillamos. Para nosotros la forma de subir es ir cuesta abajo. Cuando somos despojados del yo, entonces somos vestidos de humildad, y esta es la mejor ropa. El Señor nos enaltecerá con paz y felicidad de mente; Él nos enaltecerá al conocimiento de Su Palabra y a la comunión con Él; Él nos enaltecerá en el gozo del perdón garantizado y la justificación. El Señor otorga Sus honores a quienes pueden llevarlos para honra del Dador.

Él da utilidad, aceptación e influencia a aquellos que no son inflados por estas cosas, sino que más bien son humillados por un sentido de mayor responsabilidad. Ni Dios ni el hombre se interesarán por ensalzar a un hombre que se ensalce a sí mismo; pero tanto Dios como los hombres buenos se unen en honrar una condición modesta.

Oh, Señor, húndeme en el yo, para que pueda ser levantado en Ti.

12 -- Te amare por Siempre -- Max Lucado

TE AMARE POR SIEMPRE


Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que quien crea en él no perezca
sino que tenga vida eterna.

Juan 3.16

Por nuestro bien él hizo pecado al que no conoció pecado, para que en él pudiéramos llegar a ser justicia de Dios.

2 Corintios 5.21

Pero Dios demostró su amor por nosotros en esto: Mientras todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.

Romanos 5.8

Esto es amor: no que nosotros amáramos a Dios,
sino que él nos amó a nosotros y mandó a su Hijo como
sacrificio expiatorio por nuestros pecados.

1 Juan 4.10



Como puede Dios ....
¿Cómo puede ser justo y amable a la misma vez?
¿Cómo puede ser veraz y misericordioso al mismo tiempo?
¿Cómo puede redimir al pecador sin endosar el pecado?

¿Puede un Dios santo pasar por alto nuestras faltas?

¿Puede un Dios amable castigar nuestras faltas?

Desde nuestra perspectiva, hay solo dos soluciones igualmente inapelables. Pero desde su perspectiva, hay una tercera. Esta se llama «la Cruz de Cristo».

La cruz. ¿Puedes dirigir la mirada a cualquiera parte sin ver una? Encaramada en lo alto de una capilla. Esculpida en una lápida en el cementerio. Tallada en un anillo o suspendida de una cadena. La cruz es el símbolo universal del Cristianismo. Extraña decisión, ¿no crees? Extraño que un instrumento de tortura llegara a representar un movimiento de esperanza. Los símbolos de otras religiones son más optimistas: la estrella de seis puntas de David, la luna en cuarto creciente del Islam, una flor de loto del Budismo. ¿Pero una cruz para el Cristianismo? ¿Un instrumento de ejecución?

¿Te pondrías una pequeña silla eléctrica en el cuello? ¿Suspenderías una horca de oro plateado en la muralla? ¿Imprimirías una foto de un pelotón de fusilamiento en una tarjeta de negocios? Pero eso es lo que nosotros hacemos con la cruz. Muchos incluso hacen la señal de la cruz cuando oran. ¿Por qué no hacer la señal de la guillotina? En lugar de la señal triangular que la gente se hace en la frente y en el pecho, ¿por qué no un golpe de karate en la palma de la mano? ¿No vendría a ser lo mismo?

¿Por qué es la cruz el símbolo de nuestra fe? Para hallar la respuesta no hay que ir más allá de la misma cruz. Su diseño no podría ser más sencillo. Un madero horizontal y el otro vertical. Uno mirando hacia fuera, como el amor de Dios. El otro hacia arriba, como lo hace la santidad de Dios. Uno representa la anchura de su amor; el otro refleja la altura de su santidad. La cruz es la intersección. La cruz es donde Dios perdonó a sus hijos sin rebajar sus estándares.

¿Cómo pudo hacer tal cosa? En una frase: Dios puso nuestros pecados sobre su Hijo y los castigó allí.

«Dios puso lo malo sobre quien nunca hizo lo malo para que así nosotros pudiéramos aparecer como justos ante Dios» ( 2 Corintios 5.21 ).

O como se traduce en alguna parte: «¡Cristo nunca pecó! Pero Dios lo trató como a un pecador, para que así Cristo pudiera hacernos aceptables a Dios».

Visualiza el momento. Dios en su trono. Tú en la tierra. Y entre tú y Dios, suspendido entre tú y el cielo está Cristo sobre su cruz. Tus pecados han sido puestos sobre Jesús. Dios, que castiga el pecado, libera su justa ira sobre tus faltas. Jesús recibe el estallido. Como Cristo está entre tú y Dios, no estás tú. El pecado es castigado, pero tú estás a salvo, a salvo a la sombra de la cruz.

Esto es lo que hizo Dios, ¿pero por qué? ¿Por qué lo hizo? ¿Cuestión moral? ¿Obligación celestial? ¿Exigencia paternal? No. Dios no tiene que hacer nada.

Pero, pensemos en lo que hizo. Dio a su Hijo. Su único Hijo. ¿Harías tú tal cosa? ¿Ofrecerías la vida de tu hijo por la de alguna otra persona? Yo no. Hay algunos por los cuales yo daría mi vida. Pero pídeme que haga una lista de personas por las cuales mataría a mi hija, y el papel se quedaría en blanco. No necesitaría un bolígrafo. La lista no tendría nombres.

Pero la lista de Dios contiene los nombres de cada persona que ha vivido . Porque tal es el alcance de su amor. Y esta es la razón de ser de la cruz. Él ama al mundo.

«Porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito» ( Juan 3.16 ).

Tan cierto como que el destello central proclama la santidad de Dios, el destello de la cruz proclama su amor. Y, oh, qué gran alcance tiene su amor.

¿No te alegra que los siguientes versículos no digan:

«Porque de tal manera amó Dios a los ricos…»?

O, «Porque de tal manera amó Dios a los famosos…»?

O, «Porque de tal manera amó Dios a los delgados…»?

Pero no dice así. Ni tampoco dice: «Porque de tal manera amó a los europeos o a los africanos…» «el sobrio o el triunfador…» «el joven o el viejo…»

No, cuando leemos Juan 3.16 , sencilla y felizmente leemos, «Porque de tal manera amó Dios al mundo».

¿Cuán ancho es el amor de Dios? Suficientemente ancho como para cubrir todo el mundo. ¿Estás tú incluido en el mundo? Si lo estás, entonces estás incluido en el amor de Dios.

Qué bueno es estar incluidos. Pero no siempre es así. Las universidades te excluyen si no eres lo suficientemente inteligente. El mundo de los negocios te excluye si no estás lo suficientemente calificado y, lamentablemente, algunas iglesias te excluyen si no eres lo suficientemente bueno.

Pero aunque estas instancias te puedan excluir, Cristo te incluye. Cuando se le pidió que describiera la anchura de su amor, Él extendió una mano a la derecha y la otra a la izquierda y se las clavaron estando en esa posición para que tú pudieras saber que Él murió amándote.

¿Pero no tiene esto un límite? Seguramente el amor de Dios tiene que tener un fin. ¿No te parece? Pero David el adúltero nunca lo encontró. Pablo el asesino nunca lo encontró. Pedro el mentiroso nunca lo encontró. En sus respectivas experiencias, ellos llegaron a tocar fondo. Pero en cuanto al amor de Dios, nunca ocurrió tal cosa.

Ellos, como tú, encontraron sus nombres en la lista de amor de Dios.

ENERO 11 -- Sabiduria -- Christopher Shaw

Todos nosotros deberíamos meditar sobre la pregunta del apóstol Santiago, especialmente los que tenemos responsabilidades de liderazgo en medio del pueblo de Dios. El apóstol no plantea la pregunta en el vacío. A lo largo de todo el capítulo describe los estragos que causa el mal uso de la lengua. Utilizando un tono directo y claro declara: «la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno» (v. 7). No necesitamos grandes ejercicios de exégesis para darnos cuenta de que su pregunta continúa desarrollando el mismo tema. Nuestras obras predican más que mil sermones, y nuestras actitudes señalan a Dios tan claramente como si estuviéramos testificando de él con la boca. De hecho, el mundo en el cual vivía Santiago había sido influenciado principalmente por la cultura griega; en esto no se diferencia mucho del nuestro. Esta cultura elevaba el conocimiento intelectual a tal grado que lo consideraba la más preciada de las posesiones humanas. Entre los héroes de la sociedad helénica estaban aquellos grandes oradores que podían, por medio de una elaborada dialéctica, deslumbrar con el manejo de los conceptos más complejos y profundos. La sabiduría, en esta cultura, se demostraba por medio de los iluminados discursos de los grandes pensadores.

¿No es así también entre nosotros? ¿Cuándo hemos visto que se elijan a personas de trayectoria comprobada para enseñar en nuestros seminarios e institutos? Casi sin excepción, la regla general pareciera ser que se busca a hombres y mujeres que poseen grandes conocimientos intelectuales sobre la materia a enseñar en el curso. Y en la iglesia, frecuentemente hemos sido testigos de las más acaloradas discusiones entre aquellas personas que pretenden definir el rumbo de un programa o la doctrina para una situación. Erradamente pensamos que en la elocuencia de nuestros argumentos está la demostración de la verdadera sabiduría.

Santiago señala para nosotros que esta «mal llamada» sabiduría, no es la que vale en el reino de los cielos. En el reino operan principios que están en abierta contradicción con aquellos valores que tanto atesora el hombre. La sabiduría bíblica es aquella que se ve en los hechos, no en las palabras. Esta sabiduría no es la que está adornada con abundancia de argumentos, sino que se viste de mansedumbre. ¡Hasta podríamos afirmar que se demuestra en la escasez de palabras!

Tal es la sabiduría de Abraham, cuando subía el monte para ofrecer a Isaac en sacrificio. Ante la pregunta del hijo no se lanzó a elocuentes explicaciones. Con sencillez, declaró: «Dios proveerá.» Así también la sabiduría de Moisés que, ante la rebelión de los hijos de Coré, se postró en tierra. Existía en estas personas una mansedumbre que demostraba que habían alcanzado los más elevados niveles de conocimiento espiritual, aquel estado en el cual conocemos nuestra verdadera pequeñez. Por esta razón, nuestras palabras deben ser pocas.

Para pensar:

¡Qué importante es ser un líder cuya vida posee estas características! Nuestras obras predican más que mil sermones, y nuestras actitudes señalan a Dios tan claramente como si estuviéramos testificando de él con la boca. Procuremos vestirnos de sabia mansedumbre, que es vestirnos de Cristo.

ENERO 10 -- Gracia de Personas -- David Wilkerson

GRACIA DE PERSONAS

“Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia
conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios 4:7).

Dios con frecuencia usa ángeles para ministrar a las personas. Pero mayormente, él usa sus propias personas cariñosas para repartir su gracia. Esta es una razón por la que hemos sido hechos partícipes de su gracia: para ser canales de ella. Se supone que la repartamos a otros. Yo llamo a esto “gracia de personas.”


“Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios 4:7). Debido al consuelo que se nos es dado por medio de la gracia de Dios, es imposible que ninguno de nosotros continúe apenado toda su vida. En algún punto, estaremos siendo sanados por el Señor y comenzamos a almacenar una reserva de la gracia de Dios.


Yo creo que es esto lo que Pablo quiso decir cuando él escribió, “del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios…de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutable riquezas de Cristo” Efesios 3:7-8). “Todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia” (Filipenses 1:7). El apóstol está haciendo una declaración profunda. El está diciendo, “Cuando yo voy al trono de Dios para obtener gracia, es por vuestro bien. Yo quiero ser un pastor misericordioso para vosotros, y no uno que sea crítico o sentencioso. Quiero estar dispuesto a dispensar gracia a vosotros en vuestros tiempos de necesidades”. La gracia de Dios hizo que Pablo sea un pastor compasivo, capaz de llorar con aquellos que estaban afligidos.


Pedro escribe, “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10). ¿Qué significa ser un buen administrador o dispensador de la multiforme gracia de Dios? ¿Soy yo tal persona? ¿O paso mi tiempo orando por mi propio dolor, penas y problemas?


Amados, nuestros sufrimientos actuales están produciendo algo precioso en nuestras vidas. Están formando en nosotros un clamor por el don de la misericordia y la gracia, para ofrecérselas a otros que están doliendo. Nuestros sufrimientos hacen que nosotros queramos ser dadores de gracia.

ENERO 09 -- Canticos de Jubilo -- Santiago Canclini

CON CÁNTICOS DE JUBILO

Sed llenos del Espíritu Santo , hablando entre
vosotros con salmos , con himnos y cánticos
espirituales , cantando y alabando
al Señor en vuestros corazones
( Efesios 5 : 18--19 )

Podemos pensar en muchas circunstancias en la vida
de Jesús pero hay algo que debe haber hecho muchas
veces y que solo menciona una sola vez. Nos dice el
Evangelio " Y cuando hubieron cantado el himno
salieron al monde de los Olivos "
Fue la ultima noche que paso con los suyos antes de
la cruz , Instituyo la cena , anuncio que uno de ellos
lo traicionaría , advirtió Pedro que a pesar de su
aparente valor , llegaría a negarle , tuvo largos y hermosos
momentos de conversacion intima , oro con ellos y
POR ellos y termino aquellos solemnes momentos
CANTANDO !!!! --¡¡¡ Que Inspirador !!! Aquel grupo
de hombres aturdidos por tantos y tan solemnes
anuncios !!! acompañaron a Jesús en el canto del himno
¿ Que cantaron ? El libro de los "Salmos de alabanza "
del Salmo 115 al 118 que los judíos cantaban al
celebrar las pascuas Hacían una selección de sus
frases y el ritmo del canto era dispuesto por el
que dirigía ese momento ¿ Lastima que no
sabemos cual fue la elección ! Pero por un
momento , imaginemos a Jesús
canto esta selección de frases ...
Imaginelo ahora cantándole al Padre
Imaginelo a El cantando de si mismo

Oh Israel , confía en Jehová
El es tu ayudador y tu escudo
Jehová se acordó de nosotros
y nos bendecirá
Nosotros bendeciremos a Jehová
desde ahora y para siempre
Alabad a Jehová porque el es bueno
porque para siempre es su misericordia

Terminaron de cantar y Jesús ordeno :
Levantemonos y vámonos de aquí
El ... hacia la cruz , ellos hacia la perplejidad
y la angustia
El pueblo Cristiano ha seguido cantando desde
entonces , y Pablo aconseja a los colosenses :
" La palabra de Cristo more en vosotros .....
cantando con gracia en vuestros corazones al
Señor con Salmos , himnos y cánticos Espirituales
Cantemosle a nuestro Amado con todo nuestro
corazón

ENERO 8 -- -- Sabio en la Batalla -- David Wilkerson

“Porque esta leve tribulación
momentánea
produce en nosotros un cada vez más
excelente y eterno peso de gloria”


Cada vez que se levanta la oposición, la gracia de Dios abunda en nosotros. Piense en lo que le sucede a un árbol cuando lo golpea una gran tormenta. El viento amenaza con arrancarlo de raíz y llevárselo. Le arranca ramas y se lleva sus hojas. Suelta sus raíces y desgaja sus brotes. Y cuando termina la tormenta, todo parece estar perdido.

Pero, mire de cerca; la misma tormenta que abrió grietas en la tierra alrededor del tronco ha ayudado a que las raíces se profundicen más. Ahora el árbol puede alcanzar fuentes de nutrición y de aguas nuevas y más profundas. Y todas sus ramas muertas han sido podadas. Puede que los brotes ya no estén, pero otros volverán a crecer con mayor plenitud. Le digo que dicho árbol es ahora más fuerte y crece en formas no vistas. Y sólo espere la siega, ¡porque dará mucho fruto!

Puede que usted se encuentre en una tormenta ahora mismo. El viento sopla con furia, lo sacude con violencia y usted piensa que caerá. Amado, ¡no entre en pánico! Debe saber que en medio de la tempestad, usted está echando profundas raíces espirituales. Dios está desarrollando en usted una profunda humildad, un mayor dolor y gemido por el pecado, una gran hambre de su justicia.

Dios está haciendo de usted, un experimentado soldado de la cruz, marcado por la batalla, pero sabio y valiente en ella. A veces, puede sentirse decepcionado de usted, pero el Señor nunca. El hecho es que Él pudo haber actuado soberanamente en cualquier momento para arrebatarlo de su batalla. Pero no lo hizo, ¡porque vio que ésta estaba produciendo en usted una mayor sed de Él!

Romanos 5:3 dice: “La tribulación produce paciencia”. El verbo “producir” significa: “lograr”.

En 2 Corintios 4:17, leemos: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”. El verbo “produce” en este verso es el mismo que el de Romanos 5:3.